LAS TRIBUS URBANAS Y LA MÚSICA.



Más de la mitad de las tribus conocidas tienen uno de sus rasgos más marcados, por no decir el propio origen, en un estilo de música: el rock de los mods, el reggae de los hippies, el techno de los maquineros o el punk de los punkies.

La música es una manera de percibir el mundo, de sentir las cosas. Y algo muy importante durante la adolescencia. Entramos en ella y parece que, por primera vez, descubrimos que existe la música, los artistas y los estilos.
El rocker, el grunge o el popero no es más que un fan de esa música, pero que ha decidido hacer de ella un estilo de vida.


¿Son las tribus violentas?

Un error en el que caen mucha gente, es identificar a estos grupos como subculturas; al defender que la forman personas con gustos y comportamientos similares y "diferentes" a los de la "mayoría" de la sociedad a la que pertenecen. Bajo este prisma, esa distinción no los enfrenta, puesto que comparten las normas generales. Sin embargo, analizando este sentir podemos ver reflejados pensamientos que giran entorno a la defensa de la existencia de una contracultura; es decir de la existencia de un grupo de gente cuyos valores son opuestos a los de la mayoría de la sociedad en la que viven. Ejemplos de esto son los okupas o los skins, que normalmente son tachados por personas aisladas de la sociedad y que presentan un comportamiento violento.


Las nuevas tribus:

En los últimos años, con la revolución de las nuevas tecnologías e Internet, surgen tribus urbanas relacionadas con alguna de ellas. ¿Qué es un lamer, sino alguien que presume de conocimientos informáticos?

Otro ejemplo lo tenemos en los otakus, esos fanáticos de la cultura japonesa moderna, del anime o de sus pelis de terror.

Antes nos relacionábamos con amigos cercanos (vecinos de la misma calle, compañeros de clase...). Hoy, además de estos, entablamos relación con gentes de otras ciudades, países e, incluso, hacemos amigos con gente que habla una lengua distinta.

Tampoco podemos olvidar otra clase de tribus, que se relacionan por una pasión nacida de la cultura o el arte. Aquí encontramos a los recién nacidos frikis (como esos admiradores de El señor de los Anillos o de La guerra de las galaxias) o frikifans (apasionados por la trilogía Memorias de Idhún, de Laura Gallego), auténticas enciclopedias andantes de cualquiera de sus temas fetiche, ni a los nerds, chicos entregados a sus estudios, nacidos de la era universitaria.

Vivimos días cargados de multiculturalidad, en los que cada cual coge algo, de aquí o de allá, y lo convierte en propio. Ya no solo los rockeros visten de cuero negro (la generación Matrix también echa mano de él).

Las ciudades crecen; los chicos y chicas disfrutan de libertad y medios para inclinarse por una actividad u otra; la televisión e Internet nos muestran todo aquello que queramos saber de otras culturas o formas de vida. La globalización de la cultura nos enriquece en este aspecto.

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